11 sep · 16 oct

Exposición actual

Sobre la exposición

¡Bosques de pinos, surgid de la muerte,

de la irrelevancia, de la no-conciencia!

<Francis Ponge>

 

 

Tanto el título de la exposición como la cita que precede a estas palabras han sido tomados del texto que el poeta francés Francis Ponge (1898-1988) escribió en la experiencia creadora de un bosque de pinos que frecuentó durante un año. Le carnet du bois de pins (Cuaderno del bosque de pinos) es el poema/diario de aquella indagación poética y recoge, entre el 7 de marzo de 1940 y el 22 de julio de 1941, todas las disquisiciones y materiales que confluyeron y testimonian la experiencia, listas de palabras que comprobar en el diccionario, conceptos botánicos, agrarios, sociales o filosóficos que dilucidar, correspondencia sobre el asunto y las numerosas versiones del “abceso poético” resultante con sus potenciales variantes. Ponge se había propuesto “ganar” la confianza del bosque, “sacarlo del mundo mudo, de la muerte, de la irrelevancia, para ingresar(lo) en el de la palabra”, por lo que unas jornadas previas a la anotación precedente le había interpelado en términos de contención y respeto: “-no desarrollaré dentro de ti pensamiento alguno que te sea extraño”, subrayando la naturaleza de sus propósitos, “sobre ti voy a meditar”. Tras ocho décadas desde que fueron escritas y unas cuatro de haberlas conocido, las palabras de Francis Ponge han retornado a mi en los bosques de pinos de Julio Blancas y su eco se ha extendido a la naturaleza de toda su obra.

 

Julio Blancas es un artista serio y su trabajo uno de los empeños creadores más serios de nuestro ámbito cultural en lo que va de siglo. Es una seriedad que tiene que ver más con la actitud ante la obra -casi casi entendida como la vida- que con su propio carácter y el de cada obra en particular, ante las que no es raro terminar sonriendo y hasta riendo de admiración, sorpresa o placer. Seriedad que confirman tres décadas de persistente e incansable labor para sacar a la luz, sin pensamiento alguno que le sea extraño, una Naturaleza esencial y trascendente que nos identifica. Y, por último, seriedad aplomada por su entrega visceral al lápiz de grafito y al continuo aprendizaje y perfeccionamiento de todos los aspectos del oficio que ejerce, que al cabo configuran una ciencia del dibujo – “mi oficio es más científico que poético” dirá Ponge en una de las cartas del cuaderno- que lo ha convertido en un artista profundamente respetado.

 

Carlos E. Pinto

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