Exposición actual

18 de junio · 30 DE JULIO

“El Cosmoarte es una línea cósmica de estremecimiento de las cosas”

Pedro González

 

 

Es incuestionable que la posteridad criba la obra de todo artista que habiendo sido contemplada y comprendida en vida bajo los condicionantes y circunstancias de lo coetáneo, tras su muerte empezará a ser apreciada desde criterios, gustos, modas o inquietudes cada vez más distantes de aquellos. Durante los próximos años los canarios amigos del arte y en particular los tinerfeños, deberíamos sentirnos motivados a revisar, reconstruir, repensar y valorar en toda su dimensión la figura y la obra del pintor Pedro González (San Cristóbal de La Laguna, 1927 – 2016), de quien se cumplirá el centenario a un lustro vista. Y no solo de cara a una previsible celebración onomástica; lo estaríamos, por encima de todo, porque la obra que González generó con su ingente dedicación a la pintura durante más de medio siglo, ya no es responsabilidad de nadie en particular sino de la sociedad que la recibió, que la reconoció y la adquirió integrándola en su vida doméstica, o la exaltó sin proporción en la institucional: un activo cultural y patrimonial del coleccionismo de arte en Canarias que sería inmerecido abandonar a su inercia.

Nadie duda de la importancia de Pedro González en el devenir de la pintura contemporánea en Canarias: constituye con Millares, Manrique y De Vera lo más relevante de la segunda mitad del s. XX. Sin embargo, no se presenta halagüeña la posteridad de su obra, aquejada de debilidades insularias que un sistemático acercamiento a ella debería revertir.

Han transcurrido seis años de la muerte del pintor y su activa presencia en la vida artística y cultural de Canarias durante más de media centuria, cuyas luces y sombras aún nos alcanzan, junto a su “incombustible productividad” (Ángel Sánchez dixit) que alumbra un abrumador volumen de obras entre mediados del pasado siglo y el año 2011, siguen siendo importantes obstáculos para poder calibrar su aportación y trascendencia en el devenir del arte español de la segunda mitad del siglo XX. Superar estos escollos no hay duda de que será cuestión de tiempo, pero en lo que respecta al conocimiento de su obra, la relativa inmediatez del centenario se postula como una ocasión idónea para revisitarla hasta las entrañas, lo que al cabo debería fundamentar o no una consecuente y merecida posteridad. La imprevista coincidencia este año 2022 de dos exposiciones dedicadas a la obra de Pedro González, promovidas por espacios culturales privados abiertos al público en su ciudad natal, la de Arte LM Colección sobre los Icerse y preámbulos de Cosmoarte y la que ahora presenta Galería Artizar, invitan a pensar que tal propósito de una manera tácita está en marcha.

Contribuir a la recuperación del catálogo y al conocimiento del pintor lagunero es uno de los objetivos de esta exposición, integrada por trabajos al pastel, monotipos, pinturas, gouaches y litografías realizados entre 1954 y 1985, que indaga en los inicios de su obra (Icerse) y en el extenso ciclo posterior con el que afianza una dicción propia (Cosmoarte), pues ambos se justifican en dos aspectos determinantes e irrepetibles de su intención creativa: la voluntad de búsqueda de un estilo, es decir de una identidad pictórica; y el elusivo, inquietante y dilatado proceso de concreción de la mancha en forma humana, que será femenina. Justo entre ambos orígenes, el oficial de su obra y el origen del mundo pictórico que iba a de nacer de ella, se desarrolla Estremecimiento, un encuentro en Galería Artizar con la obra temprana del pintor Pedro González.

 

Carlos E. Pinto

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