La galería Artizar Madrid presenta Vez, la nueva exposición de Jesús Zurita, un proyecto que explora el temor como una forma de relación con la realidad. A través de un conjunto de pinturas y dibujos, el artista propone una reflexión sobre aquello que nos desconcierta y sobre la posibilidad de transformar esa inquietud en una experiencia de conocimiento.
Lejos de entender el temor como una emoción que nos empuja a huir, Vez se detiene en el momento en que decidimos permanecer frente a aquello que no comprendemos del todo. Es precisamente en ese instante —cuando la mirada no se aparta— cuando el miedo comienza a mutar en curiosidad. El proyecto parte de esa transición: del gesto inicial de alarma a la voluntad de observar y tratar de explorar.
Una de las imágenes que articula conceptualmente la exposición es la del niño o la niña que, ante la oscuridad de la noche, se refugia bajo la manta y desde allí se atreve a mirar. No se trata de una evocación literal de la infancia, sino de una metáfora que permite pensar el origen de nuestra curiosidad: el momento en que lo desconocido deja de ser únicamente una amenaza y comienza a convertirse en objeto de atención.
A partir de esta idea, la muestra se construye en torno a tres visiones que atraviesan el imaginario de las obras: el bosque, su espesura y el cuerpo.
El bosque aparece como un territorio simbólico en el que históricamente se han proyectado muchas de las tensiones entre lo humano y lo desconocido. En los relatos y mitologías que forman parte de nuestra cultura, el bosque marca con frecuencia el límite de lo civilizado. Es un lugar donde el horizonte se pierde y las reglas que organizan el mundo cotidiano parecen suspenderse. En ese espacio, la orientación se vuelve incierta y la razón deja de ofrecer respuestas lógicas.
La espesura, la densidad de la vegetación del bosque se entrelaza hilando senderos orgánicos, paisajes desgarrados que deforman el tejido de las jerarquías. La espesura se convierte así en una imagen de la pérdida momentánea de identidad, o mejor dicho, un estado en el que el sujeto deja de situarse en el centro y pasa a formar parte de un sistema inmenso, fundiéndose con él.
En ese mismo contexto aparece la tercera visión del proyecto: el cuerpo. En las obras de Zurita, el cuerpo no se presenta como una entidad aislada ni como una posesión estrictamente individual, sino como un elemento dentro de un entramado vital que comparten lo animal y lo vegetal. Los procesos orgánicos—la circulación, el crecimiento, la transformación— se vinculan así con los ciclos y dinámicas de la naturaleza.
Las piezas reunidas en Vez no buscan ilustrar estas ideas de manera narrativa. Funcionan más bien como una especie de mandalas que nos invitan a meditar. Escenas virtuales, en suspenso, momentos que parecen situarse justo antes de que una historia comience a desplegarse. En este sentido, la exposición propone una forma de relación con la obra de arte basada en la atención y la convivencia con las imágenes. Más que ofrecer interpretaciones cerradas, las obras plantean un espacio de experiencia, un proceso en el que la mirada del espectador participa activamente en la construcción de sentido. Vez es una invitación a reconsiderar el temor no como un límite, sino como un punto de partida. Una iluminación.
Susana Sanz Giménez