José Abad / Diálogos con Vulcano

José ABAD

Diálogos con vulcano

ARTIZAR TENERIFE

21 FEB, 2026 - 13 ABR, 2026

Diálogo con Vulcano fue el título con el que José Abad (La Laguna 1942-2025) nombró una serie de trabajos que desarrolló entre 2021 y 2024, como había hecho en otras ocasiones, en el campo de la escultura y el collage. El elemento estimulador y referente de tales trabajos fue la erupción del volcán Tajogaite en la isla de La Palma, y las imágenes de su actividad las integró en una amplia secuencia de collages con el mismo título junto a las de la escultura monumental homónima realizada en acero cortén para el Espacio Mutua Tinerfeña, donde habría de tener lugar su última gran exposición clausurada unos meses antes de su fallecimiento.

Madreyerro, el postrer acto de voluntad expositiva de José Abad, supuso un esfuerzo extremo amparado en el entusiasmo y la pulsión creadora que alimentaron su existencia durante los preparativos de la exposición, en la que se rescataba y afirmaba presentando los numerosos trabajos ejecutados durante la década precedente, que enriqueció con otros realizados o reelaborados expresamente para la muestra.

Si Madreyerro devino en imprevisto acto de despedida, la exposición Diálogos con Vulcano en Galería Artizar da la bienvenida a la obra de Abad en su posteridad, y suma su nombre al staff artístico de la galería con el beneplácito de los herederos de su legado. Ambos títulos, Diálogos con Vulcano y Madreyerro, resultan consecuentes y complementarios, pues si el segundo alude a un vínculo filial que mantiene toda su vida, el primero pone de manifiesto el modelo de comprensión de su trabajo y la actitud ante el mismo.

Mucho antes de la oportunidad de orden telúrico que motivara las obras de a serie José Abad ya dialogaba con Vulcano -dios del fuego de la tierra pero también de la forja, donde además fabricaba las armas y armaduras de los dioses-, tanto tiempo como el que le separaba de la primera ocasión en la que tentó el fuego de la forja y el soldeo para fabricar sus primeras “armaduras” y “armas”, un diálogo extraordinariariamente fructífero que llenará su existencia hasta convertirlo en uno de los escultores fundamentales de la modernidad canaria, con una relevante huella en el panorama artístico español del último tercio del siglo XX.

Aunque la mayor parte de las esculturas en hierro que se exhiben en Dialogos con Vulcano pertenecen a la última década de su producción, hemos querido que algunas nos retrotraigan a los tiempos en los que ese dialogo con la materia da sus primeros pasos citando ya lenguajes (Gargallo, Julio González) con los que Abad, que no ha llegado a cumplir los veinte años, se siente identificado y en los que empieza a reconocerse. Pensador (1961) y Tauromaquia (1962), son piezas clave de los albores de su escultura. La economía de recursos junto al ensamblaje y el reciclaje -en ambas con recortes de metal y desperdicios que recepta en los talleres de la localidad, – son los pobres medios que habilita para alcanzar la máxima intensidad expresiva. En Pensador configura un cuerpo con líneas ferruginosas, como un dibujo tridimensional, mientras que las ocho variaciones que constituyen Tauromaquia las afronta como un juego constructivo de recortes de plancha de hierro soldados, con los que evoca la figura del toro en diferentes presencias. Las obras de esta serie preliminar las pintará de negro, incorporando este elemento material a su escultura en la que permanecerá durante más de una década,  abandonándola tras la exhaustiva e impactante experiencia de Homenaje al Barroco -y  su amplia secuela, incluidos los grandes retablos (Adeje, 1979; Tuineje, 1981, etc.), obra toda ella realizada con madera y objetos reciclados pintados completamente de negro-,  la legendaria exposición instalativa que realiza en 1978 en Madrid, en el Palacio de Cristal, y en los siguientes años en diversas galerías nacionales e internacionales, en ferias de arte (FIAC, ARCO) y con la que en 1982 estará presente en el pabellón de España en la XI Bienal de Venecia.

Pero volviendo a Dialogos con Vulcano. Un hierro pintado perteneciente a la serie Armas para la paz, quizá su exposición y obra más emblemática de la década de los sesenta, completa en Artizar la presencia de obras de la primera época de Abad. Se trata de El dictador (1966), una de las más representativas de esos momentos, en los que el arte español había emprendido el camino de una expresión anímica, beligerante y de denuncia, que llenará de contenido social los últimos tres lustros de la dictadura franquista, y por la que España habrá de entrar en la historia arte contemporáneo universal.

Un salto de cinco o seis décadas nos trae de nuevo ante el último Abad. Las piezas Proyecto de monumento para un borrachito lagunero (2016), Cara con dos lenguas es mala de guardar (2022/23) o De erótica (2019/22), son ejemplos sobresalientes de sus últimos trabajos en hierro; todas fueron seleccionadas por su autor para estar presentes en Madreyerrro, por lo que vienen a significar algo así como fragmentos de su testamento escultórico.

La madera fue la otra interlocutora material de José Abad, “pesa” tanto como el hierro en su obra cuando se pone en la balanza el ciclo en torno al barroco. Fue el primer medio en el que practicó eso de dar alma estética a la materia y, pese a que con ella realizará obras de imponente magnitud (Cerca de Mogán, 1988), ha sido primordial en un espacio que se diría de intimidad creativa. Varios ejemplos de ello están presentes en Diálogos con Vulcano, objetos en maderas generalmente recicladas o aprovechadas que el artista ha creado directamente con sus manos en la soledad del taller y que concentran la esencia de su creatividad. Con una escultura mayor, Once cantores (2017), ejecutada en madera de tea, pieza de divertida impronta por la motilidad ilusoria que crean los picos cantarines, se completa esta breve incursión en su diálogo con la madera.

Cierra la presente exposición en Artizar una representación de la obra sobre papel. Tanto el dibujo como el collage fueron habituales recursos expresivos de José Abad y, de manera preeminente, el segundo acabará siendo en una de sus señas de identidad artística. De esta práctica se exponen en Dialogo con Vulcano los dos grandes y complejos collages que pudo concluir para Madreyerro, testigos de una serie que concebía más extensa y que ya no alcanzaría a realizar.